Werther. Dir: Willy Decker

informació obra



Escenografia:
Wolfgang Gussmann
Vestuari:
Wolfgang Gussmann
Il·luminació:
Joachim Klein
Producció:
Oper Frankfurt
Interpretació musical:
Orquestra Simfònica Gran Teatre del Liceu, Cor Infantil Amics de la Unió de Granollers
Autoria:
Jules Massenet
Intèrprets:
Piotr Beczala / Josep Bros, Étienne Dupuis / Joan Martín-Royo, Stefano Palatchi, Antoni Comas, Marc Canturri, Anna Caterina Antonacci / Nora Gubisch, Elena Sancho-Péreg / Sonia de Munck, Stefano Palatchi
Companyia:
Ballet Nacional Sodre - Uruguay
Coreografia:
Enrique Martínez (✝ 1998)
Sinopsi:

Wetzlar, Alemanya. Werther està enamorat de Charlotte, però és un amor impossible, perquè ja està promesa amb un altre home. Després del matrimoni, Charlotte l'aparta del seu costat. La desesperació per aquest amor impossible porta Werther a suïcidar-se i acaba morint a les mans de la seva estimada.

Basant-se en la novel·la de Goethe, Massenet ens presenta fidelment el personatge romàntic que personifica la malenconia per causa d’un amor impossible.

El muntatge de Willy Decker ha estat un èxit en diversos teatres i se situa en un expressionisme romàntic amb contrastos de color i formes impossibles que acompanyen les diferents situacions anímiques de l’obra.

Crítica: Werther. Dir: Willy Decker

17/01/2017

Werther: “¿sufrir sin tregua o mentir eternamente?”

per Enid Negrete

Por primera vez desde hace un cuarto de siglo el Gran Teatro del Liceo de Barcelona vuelve a programar una de las obras cumbre de la escuela lírica francesa: Werther de Jules Massenet.

Basado en la famosa obra homónima de Goethe que dio inicio oficial al romanticismo, el libreto escrito por Édouard Blau, Paul Millet y Geroges Hartman, es casi un compendio de todos los elementos románticos que determinarán no sólo el movimiento Sturm und Drang, de Alemania, sino todas las manifestaciones románticas europeas y americanas, refiriéndonos a los dos continentes al completo. El amor imposible, la presencia permanente de la muerte,  la disyuntiva entre la felicidad individual y las normas sociales , la idealización de la mujer (sobre todo en la figura materna), son sólo algunos de los ingredientes de esta obra, cuya partitura puede considerarse como una obra maestra sin ningún género de duda. Las frases y melodías largas y llenas de emoción, las arias pasionales y enternecedoras, una orquestación llena de colorido y matices tanto atmosféricos como emocionales, nos hacen cuestionarnos porqué Jules Massenet (1842-1912) no es más representado y por qué no se conocen todas sus óperas, que conforman un repertorio de más de treinta títulos que incluyen temas tan disímbolos como mitos bíblicos, personajes literarios y cuentos fantásticos.

En esta ocasión el Liceo ha apostado por el montaje de uno de los mejores directores de escena del momento Willy Decker, quien nos ha regalado una producción minimalista, limpia y muy inteligente, que llenó de acción todos los momentos orquestales muy acertadamente, que logró metáforas muy claras e importantes para definir las acciones de los personajes y nos regaló un montaje operístico respetuoso, moderno y de primera calidad. Una iluminación hermosa de Hans Toelstede, un vestuario sobrio y de cuidada manufactura, creado por el mismo diseñador de la escenografía WolfgangGussmann, (que también puede considerarse un acierto de composición escénica y colorido), son los elementos que hacen pensar que este montaje puede quedarse en los anales de la historia del Liceo.

Una de las atracciones de esta producción es el debut escénico del tenor polaco Piotr Beczala, quien llegó a Barcelona después de una larga serie de éxitos en teatros como el Metropolitan Opera House, la Ópera de Viena o la Scala de Milán. Comenzó bastante frío y asustó bastante con algunos agudos descolocados, pero cada frase fue mejorando y su interpretación fue en un crescendo que terminó en un bis del aria “Pouquoi me revelleir…”, cuya fineza interpretativa enloqueció al público. Entre las características más importantes de su trabajo hay que destacar su capacidad interpretativa, su fraseo elegante y la brillantez de sus agudos. Ha conseguido un gran éxito en este debut, pensando sobre todo que el último intérprete de este papel en este teatro fue Alfredo Kraus en 1992.

Menos impresionó el trabajo de su compañera de escena Anna Caterina Antonacci, quien actoralmente es irreprochable, pero vocalmente no se encuentra en su mejor momento o quizá este papel no sea el mejor para su tesitura.

El resto del elenco era irregular, destacó el Albert de Joan Martin- Royo, cumplió con eficiencia Elena Sancho como Sophie, aunque a veces su trabajo era demasiado aniñado, y Stefano Palatchi cumplió con un papel sin muchas exigencias ni vocales ni escénicas. Molestaban un poco las carencias del coro infantil de los Amics de la Unió de Granollers en afinación y volumen, pero mejoraron mucho en la segunda parte.

La dirección musical, a cargo de Alain Altinoglu, logró el nivel pasional que la partitura exige, pero no siempre logró el equilibrio entre las voces y la orquesta.

La partitura de Massenet está pensada para emocionar irracionalmente, para explotar emociones basadas en ideales de amor, bondad y entrega. Eso se logró esta noche, sobre todo por el trabajo soberbio y paradójicamente inteligente, del tenor polaco Piotr Beczala y por el bien hacer de Willy Decker en la escena.