Moeder

informació obra



Direcció:
Gabriela Carrizo, Martin Zimmermann
Ajudantia de direcció:
Franck Chartier
Intèrprets:
Peeping Tom (TBA)
Autoria:
Peeping Tom (TBA), Martin Zimmermann
Composició musical:
Juan Carlos Tolosa, Raphaëlle Latini, Glenn Vervliet, Peeping Tom
Il·luminació:
Giacomo Gorini, Peeping Tom
Vestuari:
Peeping Tom
Escenografia:
Amber Vandenhoeck, Filip Timmerman
Producció:
Theater im Pfalzbau, KVS – Koninklijke Vlaamse Schouwburg, Grec Festival de Barcelona, HELLERAU, Les Théâtres de la Ville de Luxembourg, European Center for the Arts Dresden, Maison de la Culture (Bourges), La Rose des Vents, Taipei Performing Arts Center
Sinopsi:

Moeder, el segon lliurament de la trilogia que va començar amb Vader (Pare, 2014) i finalitzarà amb Kinderen (Fills, 2018), és una obra sobre la memòria que explora fins a quin punt el teixit de la vida és un mosaic o una xarxa que componem col·lectivament. 

Peeping Tom tracta el tema i la figura central (la memòria i la mare) d’aquest espectacle amb la mateixa mirada sensible i sarcàstica amb què aborda totes les seves produccions. Moeder és divertida i inquietant alhora. Pertorbadora però estranyament familiar: hi reconeixem la fascinació que ens produeix la sensació que el món ens sobrepassa, la mateixa mirada amb què observem, divertits, els nostres intents titubejants de fer encaixar aquest món en les nostres concepcions. No és estrany, doncs, que els intents dels intèrprets per construir la figura de la mare i els seus mons interiors en provoquin, alhora, la desconstrucció.

Crítica: Moeder

15/02/2017

EMOCIONES A GRANEL

per Carmen del Val

No posee la poética de 32 rue Vandenbraden, ni el humor corrosivo y crueldad de Le Salon ni Vader (Padre), ni el delirante baile de Louer, pero sí que Moeder (Madre) contiene toda la perversidad, imaginación, belleza, deliciosos horrores y magnífico baile de las obras que se han visto hasta ahora de Peeping Tom en Barcelona, sin embargoresulta la más plana de todas ellas.

Gabriela Carrizo directora junto a Franck Chartier de este grupo de danza-teatro, firma la autoría de Moeder, una pieza que habla de la ausencia de la madre, un tema vasto que le sirve a Carrizo para inundar el escenario de ingeniosas y absurdas situaciones.  La madre de la coreógrafa, que murió hace siete años, pintaba y pidió a su hija que cuando falleciera quería que en el tanatorio estuvieran sus cuadros. Esta petición le ha servido a la autora para convertir el escenario del Mercat e les Flors en un museo  donde hay cuadros, objetos y cosas de la familia. En este espacio también hay una ventana de cristal donde el espectador se asomará a un  velatorio o una sala de partos. Ciclos de la vida que se cierran y se abren en la memoria de los intérpretes pero también en la del público.

La primera escena de Moeder es elocuente, en el tanatorio la madre está en el féretro, un féretro que se cierra cuando ella todavía respira. Mientras en la sala del museo un hombre desnudo, el magnífico bailarín y acróbata, Hun-Mok Jung, está de pie sobre otro féretro, el guarda del museo explica que se trata de una escultura titulada “con un pie en la tumba”. Este bailarín asiático estuvo magnífico en todas su intervenciones, ya sea trepando por las paredes o vestido de charro.  En este montaje no hay un línea narrativa, sino que la coreógrafa reúne en escena  madres que tienen miedo de tener hijos, padres que pierden a sus hijos, hijos que pierden a su madre, todo ello a través de una estética surrealista, que atrapa al espectador, que no sabe dónde fijar su retina, si en lo que ocurre en el tanatorio o en el museo, donde un cuadro de un rostro toma vida y muerde al asombrado visitante que lo contempla. En Moeder abundan los momentos brillantes, solo hay que ver como una madre con su hijo en brazos realiza cinco saltos mortales, o como en el momento del parto todos se ponen a cantar el célebre éxito, Cry baby. O como la magnífica soprano Eurudike De Beul canta desnuda frente a un piano, antes de que la cubran con un plástico. El momento en que todos los intérpretes bailan mecidos por la música de Vivaldi, aquí distorsionada, mientras se acuchillan es otros de los momentos sublimes de este disparate. Mención especial merece Simon Versnel en la figura de padre, distante en lo familiar, galán con las mujeres. El resto de los bailarines: Maria Carolina Vieira, Marie Gyselbrecht, Brandon Lagaert, Yi-Chun Liu y Charlotte Clemens estuvieron soberbios, retorcieron sus cuerpos y se lanzaron al espacio con avidez para recrear un alud de intensos sentimientos

En Moeder se presta gran atención a los sonidos, así en directo participa un foyer (montador de sonidos para cine), que a través del ruido del agua hace sentir al espectador la presencia intensa de este elemento tan importante en la vida.