Garden Party

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Sinopsi:

La fi del món és a prop, estem envaïts pel caos i l'anarquia... Tots? No. Hi ha una casta de burgesos irreductibles que resisteixen la crisi. Tot i que la societat s'ha desmoronat, aquests homes i dones, per orgull o desesperació, encegats per la seva suficiència, seguiran reproduint el seu món social, els seus codis, els seus camps de golf, les seves tradicions, la seva vida de luxe... Espectacle de carrer que parteix de l'observació de la societat i, en la tessitura d'un cert realisme fellinià i de l'univers absurd de Jacques Tati, ofereix una al·legoria crítica sobre l'actualitat. Una sociologia de la superfluïtat.


Crítica: Garden Party

10/09/2019

Desventuras del primerísimo mundo

per Alba Cuenca Sánchez

Ricos, elegantes, acomodados en la abundancia, superficiales, egoístas e hipócritas. Así son los personajes de la particular fiesta en el jardín de la francesa Compagnie n.8, en la que todos los tópicos de los inmensurablemente ricos son presentados con una mordaz parodia. La elegancia de la situación inicial pronto se desvanece, enseñándonos a hombre y mujeres soeces, descarados y sin ningún tipo de remordimiento. Los personajes se matan, se mueren y reviven al acto, en una falsedad buscada y una exageración surrealista.

A lo largo de la obra las cuatro parejas protagonistas se deleitarán con descaro y sin ningún tipo de remordimiento con armas, orgías, drogas, tratamientos de ¿belleza? y todo tipo de excesos, aguardados por la mirada escéptica del desprestigiado camarero. Resulta particularmente divertida la escena en la que uno de los burgueses se sacrifica por sus compañeros atreviéndose a salir a la compra armado con un vulgar carrito.  

Los nueve actores hacen un trabajo físico excelente. Sin articular más que algunas palabras sueltas, los tonos, los sonidos, los movimientos y las marcadas expresiones transmiten todo lo necesario con una hilarante exageración. Resulta destacable la voz de Charlotte Saliou, soprano capaz de deslumbrar con su capacidad mientras está colgada por los aires por un rústico y caótico mecanismo.

Debajo de los aparentes caos y espontaneidad se esconde un trabajo de composición casi coreografiada, muy ayudado por el vestuario y la caracterización de Stéfania Brannetti i Jeanne Guellaff. Necesarios también son la música y los efectos, con una banda sonora muy peliculera en completa consonancia con la sátira. Todo al punto para crear un espectáculo entretenido, divertido y extremo lleno de parodia y muy bien ejecutado.