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9
Niño rico, niño pobre, en una danza fatídica
Publicat el: 4 de gener de 2026
CRÍTiCA: Germans de sang. Daniel Anglès
“Yo podría ser él”, apostilla Mickey antes de apretar el gatillo contra su hermano y morir junto a él. No es spoiler porque no hay suspense en una tragedia que se desvela ya en la primera escena de este musical del británico Willy Russell estrenado en 1983 en Liverpool, en pleno thatcherismo. Separados al nacer, Mickey y Eddie fueron criados en entornos socioeconómicos opuestos. El destino los unió en una amistad profunda y duradera, sin saber de su parentesco. Hasta que estalla el conflicto, con la diferencia de clase como espoleta. Convertido en un clásico del género tras triunfar en el West End londinense, ahora el Teatre Condal acoge una excelente producción dirigida por Daniel Anglès, quien ya participó en el estreno del título hace tres décadas, bajo la dirección de Ricard Reguant y con la incombustible Àngels Gonyalons de protagonista. Acompaña a Anglès un tándem que promete muchos años de buen musical: Ariadna Peya, responsable de las magníficas coreografías, y Andreu Gallén, que firma los arreglos y la dirección musical. Es el mismo dúo que trabajó en la estupenda L’alegria que passa y que aquí sube aún más el listón.
Hay mucho talento en escena también en lo interpretativo, pero el hallazgo más brillante y distintivo es el movimiento y la gestualidad del elenco que acompaña las acciones de los protagonistas. Una danza coral que apuntala la emotividad del relato, eleva la tensión y conecta las escenas. La obra fluye dotada de una gran plasticidad entre vibrantes e intensas coreografías, y ofrece imágenes muy potentes como cuando la madre de los infortunados aparece rodeada por el cuerpo de baile, una lograda metáfora de la presión que sufre. Estamos ante el mejor trabajo de Ariadna Peya, que ya despuntó en El despertar de la primavera, La torre de Nadal, Maremar o la citada L’alegria que passa. La hermana menor de la compositora y pianista Clara Peya, con quien fundó en el 2011 la compañía Les Impuxibles, se consagra con este musical que apunta a uno de los grandes éxitos de la temporada.
Entrañables criaturas
También Anglès ha dado en la diana con su afinada dirección y el logrado tránsito de la infancia a la madurez de los personajes. Es siempre complejo abordar la niñez desde la edad adulta sin caer en caricaturas, y aquí Albert Salazar (Mickey) y Roc Bernadí (Eddie) se meten al público en el bolsillo con entrañables interpretaciones. Es delicioso el niño vivaracho, inocente y juguetón de Salazar, actor novato en el género musical al que podemos ver en la última película de Alejandro Amenábar, El cautivo. Estupendo asimismo Bernadí, metido en los pantalones cortos de un niño bien muy british. El cantante de Svetlana prosigue así su racha de éxitos y versatilidad tras protagonizar Aladdin (en Madrid) y El dia de la marmota.
Mariona Castillo, por su parte, cautiva como la señora Johnstone, madre biológica de los dos críos, en una doble faceta de cantante y actriz que domina con sobrados recursos. Conmueve con el dibujo de una madre que rebosa humanidad y corazón, y con la voz, entonando la dramática No pot ser veritat o la nostálgica Marilyn Monroe. Un espléndido trabajo al que se suma la también muy convincente Lucía Torres como adinerada señora Lyons. Toni Viñals, estupendo señor Lyons y Tai Fati, la Linda de quien los dos hermanos se enamoran, completan el sólido reparto.
Otro elemento que funciona muy bien es el rol de narrador con el que el cantante Triquell debuta entre bastidores. Embutido en un abrigo a lo Matrix, aparece como una sombra o ser que presagia la fatalidad en una buena composición del personaje, aunque debería mejorar la proyección y vocalización en algún momento.
La fría escenografía de Alessio Meloni, con grandes contenedores portuarios, acierta al transmitir la dureza de unas vidas precarias en un barrio marginal. La irrupción de una lustrosa lámpara colgante de cristales nos traslada a la casa adinerada. No se necesita más.
Todo suma en la emotividad del relato, también el vestuario diseñado por Marc Udina. El dominio de la gama de marrones de la primera parte y del final encaja con el ambiente proletario y los malos augurios, con esa masa oscura del elenco multiplicando la intensidad de la escena. Solo aparece el color cuando la suerte le sonríe a la familia Johnston.
En el 2018 Daniel Anglès capitaneó junto a Focus el proyecto Onyric para convertir el Teatre Condal en la casa del género musical. Subió el telón con Fun home, un montaje muy digno y honesto, interpretado por Mariona Castillo y el propio Anglès, que no logró conectar con el gran público. Ahora sí lo ha conseguido con este magnífico Germans de sang que puede revivir el sueño de hacer de este teatro del Paral.lel el templo del musical catalán.
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