CRÍTIQUES
VALORACIÓ
7
PRINCESAS MODERNAS
Publicat el: 8 de març de 2015
CRÍTiCA: Felahikum
La
bailaora Rocío Molina ha presentado estos días en el Mercat de les Flors de
Barcelona dos programas en los que apuesta en mezclar el flamenco con otros estilos de baile, como
son el hip hop en Felahikum y la danza contemporánea en Bosque Ardora. Para muchos amantes del flamenco innovador Rocío
Molina es el equivalente femenino del aplaudido bailaor vanguardista, Israel Galván. La noche del viernes la sala Ovidi Montllor se convirtió en un palacio habitado por dos princesas, Rocio Molina y Honji Wang, el flamenco de la primera
y el hip hop de la segunda, entablaron un intenso diálogo, que logró poner en
pie al público que llenaba este espacio
escénico, no era el día del estreno, circunstancia que siempre hace más creíble los aplausos.
Felahikum (nombre árabe atribuido al origen de la palabra flamenco) es
una pieza con una estética moderna en la que estas dos mujeres, Rocío y Honji, se enfrentan y
domestican en un espacio desnudo rodeado de 23 ventiladores. Vestidas sobriamente
de blanco y negro, y bajo la dirección de Sébastien Ramirez, especialista en hip
hop, ambas artistas realizan un fascinante intercambio gestual. Los dos estilos de baile se entrelazan, o se
enfrentan en un rico y fluido itinerario dancístico. La calidad de las dos intérpretes deja al
público sediento de más baile, tanto de flamenco como de hip hop, ya que
ninguna de ellas se entrega con pasión a una interpretación en solitario. Su apuesta es
ir creando a lo largo de espectáculo un cuadro abstracto de líneas
geométricas marcado por la esencia de
sus estilos de baile. En ningún momento se dejan llevar por la voluptuosidad. Felahikum es una pieza hermosa y
contenida. La secuencia en que ambas bailarinas juegas con una tela de tul negra, que hace volar el aire de los ventiladores, y se convierte en una especie de tocado de princesa medieval es de una gran
imaginación.
Sin duda el
éxito de esta pieza radica en la compenetración entre Rocío Molina y Honji Wang, una española y una coreana con algo en común:
tejen su baile a través de la audacia,
ya que cada una busca la trasgresión en su estilo. Las composiciones de Jean-Philippe Barros y los fragmentos de Alice Russel y Steve Reich
arropan con acierto esta singular obra.
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